lunes, 1 de marzo de 2010

Tres de tres

Hace varios posts comenté aquí que en el último libro que había leído, Venecia aparecía casi como un personaje más al final del libro ("Maldito karma", de David Safier ). Ese libro fue un regalo y Venecia una anécdota para que me riera un poco en el viaje de vuelta de Madrid a Teruel.


Pero estoy empezando a pensar que esto de las coincidencias no existen. Historia de un abrigo, de Soledad Puértolas, es el último libro que he leído. Lo elegí al azar en la biblioteca pública porque me gustó el título (suelo elegir los libros así, de manera compulsiva por el título) y tiene un capítulo entero con Venecia como telón de fondo. No sólo Venecia, también hay otra que transcurre en New York, pero me ha llamado menos la atención porque queda más lejos en el tiempo. "Historia de un abrigo" es una especie de novela-río donde aparecen muchos personajes que se van conectando a medida que van pasando las páginas y que acaban en el personaje inicial, que no principal, porque en este tipo de novelas no existe personaje protagonista ni siquiera el abrigo que aparece en el título. El libro en sí es entretenido y fácil de leer, con un estilo muy sencillo con frases cortas, con precisión casi periodística.




La mesa limón es el otro libro que ha ocupado mi mesilla de noche de forma paralela estos días. Es una colección de cuentos/relatos cortos. Me suelen gustar este tipo de libros, donde el autor tiene que demostrar ser original y desarrollar una historia en pocas páginas, antes de que yo pierda interés y cierre los ojos antes de dos páginas. No acabo de entender muy bien por qué elegí este libro entre los estantes de la biblioteca. Creo que tiene que ver con que en la portada aparece un limón y me gusta el color. Y también con lo que leí en la solapa interior del libro (es un escritor británico que no conocía y de cierto prestigio, por lo visto), pero no con lo que aparece en la contraportada, que suelo leer en diagonal para que no me destripe su interior. Después de llevar medio libro me paro a pensar: todos los relatos son reflexiones sobre el final de la vida... Y se me ocurre leer las letras de la contraportada: entre los chinos, el símbolo de la muerte era el limón, y en Helsinki, a principios del siglo XX, en un bar frecuentado por Sibelius, los que se sentaban en la mesa limón estaban obligados a hablar de la muerte. Así que en esas líneas estaba la solución al misterio del libro, que no de mi elección. Y tampoco explica la casualidad de que otra vez aparezca Venecia entre sus líneas. El próximo libro que he elegido no tiene pinta de que vaya a transcurrir entre canales, pero como me lleve a pasear en un vaporetto otra vez entre página y página, voy a tener que considerar seriamente que las coincidencias no existen.

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